El reclutamiento
Cada cierto tiempo un grupo de Inmortales, adecuadamente escoltados por guardianes, bajan de sus dominios para buscar entre los ciudadanos nuevos siervos. Aquellos jóvenes que gozan de buena salud son sometidos a examenes genéticos y los que son elegidos son llevados a la Ciudad Alta de donde nunca más se les verá salir de la forma en la que entraron.
Oponerse a este proceso significa la muerte, pero no suele haber mucha
resistencia, pues es sabido que servir en la Ciudad Alta es el mejor
destino al que pueden aspirar los ciudadanos.
Una vez en la fortaleza de los Inmortales, son sometidos a diversos exámenes físicos y genéticos para determinar su destino. Tras un riguroso proceso de análisis y condicionamiento psíquico para asegurar su obediencia, son enviados a la Transformadora que los adaptará a la misión que se les encomiende.
La mayoría de los siervos terminan sus días trabajando casi como autómatas lobotomizados en alguna de las múltiples tareas menores de la ciudadela, anulados por el psico-condicionamiento, pero a veces alguno destaca especialmente. Estos valiosos siervos pasan a ser entrenados como Guardianes o Servidores, que son los protectores y asistentes respectivamente de los Inmortales. No obstante, a pesar de llevar una vida completamente dedicada a sus labores con un disciplina monacal, estos siervos de alto rango mantienen casi intacta su individualidad.
Finalmente, en muy raras ocasiones, durante el psico-condicionamiento, algún proto siervo recibe la llamada de alguna de las Deidades-Máquina. Entonces su destino cambia y es iniciado en alguna de las Órdenes para, en un futuro, ser uno más de los Inmortales.